Apego y ansiedad: ¿por qué me siento así?

Apego y ansiedad: ¿por qué me siento así?

La ansiedad que sentimos en nuestro día a día es útil y necesaria. Si no, no nos levantaríamos a trabajar, no estaríamos pendientes de nuestro ambiente al caminar o no prestaríamos atención a cómo nos tratan. Sin embargo, esta ansiedad puede ser perjudicial si es muy alta o muy baja, y tiene mucha relación con nuestro tipo de apego. 

¿Qué es el apego?

Como ya os contamos en nuestro artículo sobre ¿CÓMO ME RELACIONO CON EL OTRO SEGÚN MI ESTILO DE APEGO?, el apego, según Bowlby, es “un vínculo afectivo que se establece con otra persona considerada importante para el bienestar físico y psicológico”. De esta forma, cuando tenemos entre 0 y 4 años de edad aproximadamente, no tenemos las herramientas para regularnos y necesitamos de nuestros cuidadores para hacerlo. ¿Cómo? Apaciguando, acariciando, satisfaciendo las necesidades del momento… así se desarrolla un apego seguro. Aprendemos que tenemos seguridad, que hay una base segura a la que volver después de explorar el mundo, o si explorando el mundo ocurre algo. Esto nos da sensación de control y nos ayuda a desarrollarnos con confianza y afecto.

Si esto no ocurre así estamos ante una ruptura del apego. Estas rupturas del apego, de forma puntual, son necesarias porque nos enseñan a funcionar con autonomía. Sin embargo, si esto se extiende en el tiempo, puede tener consecuencias negativas, y crearse un apego que no sea seguro. 

¿Cómo influye el apego en la ansiedad que siento?

Si hay rupturas en el apego, cada persona desarrollará unas estrategias distintas para intentar sentir esa sensación de control.

Simplificando mucho, podemos ver dos estrategias principales:

  • Pensar mucho: esta estrategia está asociada con el apego evitativo. Como nuestros cuidadores no están disponibles y no hay presente mucho afecto, se compensa con un exceso de cognición, lo cual da como resultado pensar mucho, lo que en psicología llamamos rumiación. Dar muchas vueltas a lo mismo, reflexionar sin llegar a ninguna conclusión… Y esto produce ansiedad. ¿Por qué? Porque es una estrategia trampa. La rumiación se utiliza para no sentir la ansiedad que está latente, pero sin embargo no funciona. Al intentar tapar esta ansiedad mediante la rumiación (porque nos da sensación de control) se hace un efecto rebote que hace que la ansiedad sea más grande aún. Además, esta rumiación puede ir acompañada de pensamientos de perfeccionismo que hacen que cualquier situación a la que nos enfrentemos nos genere ansiedad porque queremos hacerlo todo de forma perfecta.
  • Sentir mucho: esta estrategia está asociada con el apego ansioso. Como nuestros cuidadores no están disponibles y no podemos predecir qué van a hacer ni cómo nos van a responder, se compensa con un exceso de emoción para intentar sentir una conexión emocional. Esto hace que las respuestas emocionales sean muy activantes e intensas, entre ellas la ansiedad, hasta el punto que puede que sea insoportable.

¿Esto se puede cambiar?

Sí, se pueden aprender estrategias distintas para enfrentarnos a lo que nos pasa y a cómo gestionamos nuestras emociones. Para ello un proceso de terapia psicológica puede ser la mejor opción de hacerlo y abordarlo. Si sientes mucha ansiedad y te gustaría cambiar cómo te relacionas con ella, escríbenos y solicita tu primera cita gratuita. 

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