Cuando pensamos en cuidar nuestra salud mental solemos pensar en dormir bien, hacer ejercicio, aprender a gestionar el estrés o acudir a terapia cuando algo no funciona.

Pero existe otro aspecto fundamental que a veces dejamos en segundo plano: nuestras relaciones.

Las amistades forman parte de nuestro bienestar emocional. Tener personas con las que compartir experiencias, hablar de nuestras preocupaciones, pedir ayuda o simplemente pasar un buen rato puede convertirse en un importante factor de protección frente a las dificultades de la vida.

Y no se trata de tener muchos amigos.

Se trata de tener vínculos que nos hagan sentir acompañados.

No es lo mismo estar rodeado que sentirse acompañado

Podemos tener cientos de contactos en el teléfono y, sin embargo, sentirnos solos.

También podemos tener muchos seguidores en redes sociales y no encontrar a nadie con quien hablar cuando realmente lo necesitamos.

La conexión social y la conexión emocional no son exactamente lo mismo.

Una relación significativa implica, entre otras cosas, confianza, reciprocidad, disponibilidad y sensación de pertenencia.

Por eso, cuando hablamos de amistades y salud mental, probablemente sea más importante preguntarnos cómo son nuestras relaciones que cuántas personas tenemos alrededor.

La amistad también necesita tiempo

Las amistades adultas pueden enfrentarse a una dificultad que durante la adolescencia o la etapa universitaria resulta menos evidente: cada vez tenemos menos tiempo disponible.

Trabajo, pareja, hijos, responsabilidades familiares, desplazamientos, obligaciones domésticas y cansancio hacen que muchas veces las amistades queden relegadas.

Y aparece una situación curiosa.

Pensamos en nuestros amigos.

Los echamos de menos.

Nos gustaría verlos.

Pero pasan semanas o meses sin que hagamos nada para recuperar ese contacto.

A veces no existe un conflicto. Simplemente dejamos de encontrar el momento.

Por eso cuidar una amistad no tiene por qué implicar grandes gestos. Puede comenzar con algo tan sencillo como enviar un mensaje, llamar a alguien o proponer un café.

La calidad importa más que la cantidad

No necesitamos una vida social enorme para sentirnos conectados.

Una o dos relaciones profundas pueden aportar una sensación de apoyo y pertenencia mucho mayor que decenas de relaciones superficiales.

Una amistad saludable permite que podamos compartir diferentes partes de nosotros mismos.

Podemos hablar de algo que nos preocupa.

Podemos reconocer que estamos pasando un mal momento.

Podemos celebrar algo que nos hace ilusión.

Podemos pedir ayuda.

Y también podemos estar juntos sin necesidad de hacer nada extraordinario.

¿Por qué dejamos de cuidar nuestras amistades?

Hay muchas razones.

A veces estamos atravesando una etapa de mucho trabajo.

Otras veces nuestra pareja ocupa prácticamente todo nuestro tiempo libre.

También puede ocurrir después de una mudanza, un cambio laboral o una ruptura.

En otras ocasiones, el aislamiento aparece porque nos encontramos emocionalmente cansados y dejamos de tener energía para relacionarnos.

Y hay personas que se alejan de los demás porque sienten que molestan, que no tienen nada interesante que aportar o que los demás no están realmente interesados en ellas.

Cuando estas ideas se repiten, pueden terminar reforzando el aislamiento.

La amistad también puede ser un espacio de regulación emocional

Hablar con alguien de confianza puede ayudarnos a ordenar lo que estamos pensando.

A veces no necesitamos que nuestro amigo nos dé una solución.

Necesitamos poder decir en voz alta lo que nos ocurre.

Sentirnos escuchados y comprendidos puede reducir la sensación de estar afrontando un problema completamente solos.

Esto no significa convertir a nuestros amigos en terapeutas.

La amistad y la psicoterapia cumplen funciones diferentes.

Pero disponer de una red de apoyo saludable puede ser una parte importante de nuestro bienestar.

Las redes sociales no sustituyen necesariamente el contacto real

Las redes sociales pueden ayudarnos a mantener relaciones y acercarnos a personas que están lejos.

El problema aparece cuando confundimos interacción digital con conexión emocional.

Dar un like, responder una historia o enviar un meme puede mantener un contacto mínimo, pero no siempre sustituye una conversación profunda o un encuentro presencial.

Por eso puede ser interesante preguntarnos cómo utilizamos las redes.

¿Nos ayudan a conectar?

¿O estamos utilizándolas como sustituto de relaciones que realmente echamos de menos?

Aprender a mantener una amistad también es aprender a cuidar

Una amistad necesita reciprocidad.

No significa que ambas personas tengan que aportar exactamente lo mismo en todo momento. Habrá etapas en las que uno necesite más apoyo y otras en las que sea el otro quien lo necesite.

Pero sí debería existir una sensación general de interés mutuo.

Cuidar una amistad puede significar:

Preguntar cómo está la otra persona.

Recordar algo importante que nos contó.

Proponer vernos.

Escuchar sin intentar solucionar inmediatamente.

Respetar sus límites.

Estar presentes cuando atraviesa una etapa complicada.

Compartir también los momentos buenos.

Y aceptar que una amistad puede cambiar con el tiempo.

Algunas amistades terminan

Cuidar nuestras relaciones no significa mantener todas las amistades para siempre.

Las personas cambian.

Nuestras necesidades también.

Algunas amistades se mantienen durante décadas. Otras forman parte de una etapa concreta de nuestra vida.

Aceptar ese cambio también puede ser saludable.

Lo importante es poder distinguir entre una relación que ha evolucionado y una relación que nos está haciendo daño.

¿Y si me cuesta relacionarme?

Para algunas personas, hacer amigos o mantener relaciones puede resultar especialmente difícil.

Puede existir miedo al rechazo, inseguridad, ansiedad social, dificultad para expresar necesidades o experiencias anteriores que han generado desconfianza.

En estos casos, aislarse puede proporcionar alivio a corto plazo.

Pero a largo plazo puede aumentar la soledad.

La terapia psicológica puede ayudar a comprender estos patrones y trabajar las dificultades que están interfiriendo en nuestras relaciones.

No se trata de convertirnos en personas más sociables.

Se trata de poder construir relaciones que sean compatibles con quiénes somos y con lo que necesitamos.

Cuidar a los demás también implica cuidarnos

A veces pensamos que cuidar una amistad significa estar siempre disponibles.

No es así.

Una relación saludable también necesita límites.

Podemos decir que no.

Podemos necesitar tiempo a solas.

Podemos no responder inmediatamente.

Podemos explicar que estamos atravesando una etapa complicada.

La amistad no debería convertirse en otra obligación.

Debería ser un espacio donde podamos sentirnos acompañados sin dejar de ser nosotros mismos.

Una pregunta para esta semana

Piensa en una persona que sea importante para ti y con la que hace tiempo que no tienes una conversación tranquila.

No hace falta esperar a que aparezca una ocasión especial.

Puedes escribirle.

Preguntarle cómo está.

Proponerle un café.

O simplemente decirle que te has acordado de ella.

Porque cuidar nuestras amistades también es una forma de cuidar nuestra salud mental.

En Centro de Psicología Suma Emociones, en Chamberí, acompañamos a jóvenes y adultos en procesos relacionados con ansiedad, soledad, relaciones, autoestima y bienestar emocional.

Tenemos sesiones todos los días, también los sábados por la mañana, en formato presencial y online.