Tenemos cientos de contactos en el móvil. Seguimos a cientos de personas en Instagram. Tenemos grupos de WhatsApp, redes sociales, videollamadas y aplicaciones para conocer gente.

Y, sin embargo, cada vez más jóvenes describen una sensación aparentemente contradictoria:

«Estoy rodeado de gente, pero me siento solo.»

La soledad no siempre significa estar físicamente solo. Podemos salir, trabajar, estudiar, tener pareja, hablar diariamente por WhatsApp y seguir sintiendo que nadie nos conoce realmente.

De hecho, la investigación reciente está poniendo cada vez más atención en esta diferencia entre estar conectados y sentirse conectados.

Tener contactos no es lo mismo que sentirse acompañado

Podemos diferenciar entre cantidad y calidad de las relaciones.

Tener muchas interacciones sociales no garantiza necesariamente sentirnos comprendidos, escuchados o apoyados.

Un estudio longitudinal publicado en 2026 con 1.660 jóvenes encontró que la soledad se asociaba con un mayor riesgo de desarrollar un episodio depresivo mayor durante el año siguiente. Lo especialmente interesante es que existía un grupo de jóvenes que se sentía solo a pesar de mantener interacciones sociales frecuentes y contar con una red de apoyo.

Esto nos recuerda algo importante:

La soledad no siempre se soluciona simplemente estando con más gente.

Las redes sociales: ¿conectan o aíslan?

Las redes sociales forman parte de nuestra manera habitual de relacionarnos.

Y no son necesariamente negativas.

Nos permiten mantener contacto con personas que viven lejos, encontrar comunidades con intereses similares y mantener relaciones cuando no podemos vernos presencialmente.

El problema puede aparecer dependiendo de cómo las utilizamos.

Una revisión sistemática publicada en julio de 2026 analizó la relación entre uso de redes sociales y soledad en adolescentes y adultos jóvenes. Los resultados sugieren que determinados patrones de uso se asocian con una mayor sensación de soledad.

Otra investigación realizada con jóvenes europeos encontró una asociación entre el uso intensivo de redes sociales, la soledad y el malestar emocional.

Esto no significa que las redes sociales «provoquen» automáticamente soledad.

La relación es mucho más compleja.

No es lo mismo utilizar las redes para conectar que para comparar

No utilizamos las redes sociales todos de la misma manera.

Podemos utilizarlas para:

  • hablar con un amigo;
  • compartir una experiencia;
  • mantener contacto con familiares;
  • participar en una comunidad;
  • conocer personas con intereses similares.

Pero también podemos utilizarlas de forma más pasiva:

  • desplazarnos durante horas por contenido;
  • observar constantemente la vida de otras personas;
  • compararnos;
  • buscar aprobación;
  • comprobar quién ha visto nuestras publicaciones.

La diferencia puede ser importante.

Una revisión reciente sobre adultos jóvenes señala que el uso excesivo o predominantemente pasivo de las redes aparece más relacionado con aislamiento, mientras que determinados usos interactivos y orientados a la conexión pueden tener efectos diferentes.

La soledad también puede aparecer después de los 25

Durante la adolescencia y los primeros años de universidad es relativamente fácil conocer gente.

Hay compañeros de clase, actividades, asociaciones, deportes, fiestas y encuentros espontáneos.

Pero después de los 25 años muchas de esas oportunidades desaparecen.

El trabajo puede ocupar gran parte del día.

Algunas amistades se mudan.

Otras personas empiezan a tener pareja o hijos.

Nos cambiamos de ciudad.

Trabajamos desde casa.

Y hacer nuevos amigos deja de ser algo que sucede espontáneamente.

Una revisión publicada en 2026 sobre jóvenes adultos de 18 a 30 años señala que factores comunitarios y sociales también influyen en la soledad: el sentimiento de pertenencia, la cohesión del entorno y la participación comunitaria pueden actuar como factores protectores.

La soledad no es un fracaso personal

Este punto es especialmente importante.

Sentirse solo no significa que seas una persona poco sociable, aburrida o incapaz de relacionarte.

Tampoco significa necesariamente que tengas que salir más.

A veces el problema está en que nuestras relaciones actuales no están cubriendo determinadas necesidades emocionales.

Podemos preguntarnos:

¿Con quién puedo ser realmente yo?

¿A quién puedo llamar cuando estoy mal?

¿Hay alguien que conozca realmente cómo me siento?

¿Tengo relaciones en las que puedo mostrarme vulnerable?

Estas preguntas son mucho más importantes que contar cuántos amigos tenemos.

La calidad importa

Una investigación cualitativa reciente con estudiantes universitarios encontró que incluso un número reducido de conexiones de alta calidad puede ayudar a aliviar la soledad emocional.

Por eso, quizá no necesitemos tener una vida social enorme.

Quizá necesitemos relaciones en las que podamos:

  • hablar sin sentirnos juzgados;
  • pedir ayuda;
  • compartir buenas noticias;
  • expresar nuestras preocupaciones;
  • estar en silencio sin sentir incomodidad;
  • sentir que importamos.

¿Qué podemos hacer si nos sentimos solos?

No existe una solución inmediata, pero podemos empezar por pequeños pasos.

Recuperar una relación

Escribir a ese amigo con el que hace tiempo que no hablamos.

No hace falta esperar a tener un plan perfecto.

Crear espacios de conexión

Apuntarnos a una actividad que realmente nos interese puede facilitar conocer personas con intereses comunes.

Reducir el consumo pasivo de redes

No necesariamente tenemos que eliminar Instagram o TikTok.

Podemos observar cómo nos sentimos después de utilizarlos.

¿Nos sentimos conectados o más solos?

Priorizar encuentros reales

Un café de 45 minutos con una persona importante puede aportar más conexión emocional que horas de interacción digital.

Hablar de lo que nos ocurre

A veces las personas que nos rodean no saben que nos sentimos solos.

Decirlo puede ser el primer paso para cambiarlo.

¿Cuándo pedir ayuda psicológica?

Sentirse solo ocasionalmente forma parte de la experiencia humana.

Pero si la soledad se mantiene durante mucho tiempo, empieza a afectar a nuestro estado de ánimo, autoestima, relaciones o ganas de hacer cosas, puede ser recomendable consultar con un profesional.

La investigación reciente refuerza la importancia de detectar y abordar la soledad en jóvenes, especialmente porque puede coexistir con otros problemas emocionales.

La terapia puede ayudar a comprender qué está ocurriendo, identificar patrones de aislamiento, trabajar habilidades relacionales y explorar qué tipo de vínculos necesitamos construir.

Más conectados no significa necesariamente más acompañados

Vivimos en una época en la que nunca había sido tan fácil contactar con otras personas.

Pero la conexión emocional necesita algo diferente:

tiempo, presencia, confianza y reciprocidad.

Quizá la pregunta no sea cuántas personas tenemos alrededor.

Quizá sea:

¿Con quién puedo sentirme realmente acompañado?

En Centro de Psicología Suma Emociones, en Chamberí (Madrid), trabajamos con jóvenes y adultos que atraviesan dificultades relacionadas con ansiedad, soledad, relaciones, autoestima y bienestar emocional.

Tenemos sesiones todos los días, también los sábados por la mañana, y ofrecemos atención presencial y online.

Fuentes

  • Feng, H-P. et al. (2026). Exploring the relationship between social media use and loneliness in adolescents and young adults: a systematic review and meta-analysis. Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology.
  • Wong, S. M. Y. et al. (2026). Connected yet lonely: Prospective influences of loneliness and varying degrees of social connection and isolation on the new onset of major depressive episodes in young people. Journal of Affective Disorders.
  • Social media use, loneliness and emotional distress among young people in Europe. SSM – Mental Health, 2026.
  • Meehan, D. E. et al. (2026). Community and societal influences on loneliness and social isolation among young adults: a systematic review of observational studies. Epidemiologic Reviews.