Las vacaciones suelen asociarse con descanso, libertad y desconexión. Sin embargo, para algunas personas el comienzo del periodo vacacional trae consigo una sensación inesperada: nerviosismo, irritabilidad, preocupación o dificultad para relajarse.
«Por fin tengo vacaciones y no consigo disfrutarlas.»
«Estoy descansando, pero sigo pensando en el trabajo.»
«No sé qué me pasa; debería estar bien.»
Si alguna vez has sentido algo parecido, no significa necesariamente que haya algo malo en ti. El cambio de ritmo puede requerir un periodo de adaptación, especialmente cuando llegamos a las vacaciones después de meses de estrés y exigencia.
¿Qué es la ansiedad vacacional?
La expresión ansiedad vacacional se utiliza de forma divulgativa para describir el malestar, estrés o ansiedad que algunas personas experimentan antes o durante las vacaciones.
No es un diagnóstico psicológico en sí mismo.
Puede aparecer cuando se produce un cambio brusco de rutina o cuando existe una gran presión por aprovechar el tiempo libre.
Durante el resto del año estamos acostumbrados a tener una estructura bastante definida: despertarnos a una hora determinada, trabajar o estudiar, cumplir obligaciones, desplazarnos y organizar nuestro tiempo alrededor de diferentes responsabilidades.
Cuando llegan las vacaciones, esa estructura desaparece de repente.
Y nuestro cerebro no siempre cambia de velocidad al mismo tiempo que nuestro calendario.
«Tengo vacaciones, pero mi cabeza sigue trabajando»
Una de las situaciones más frecuentes es la dificultad para desconectar mentalmente.
Aunque físicamente hayamos salido del trabajo, nuestra mente puede continuar repasando tareas pendientes, problemas, conversaciones o responsabilidades.
Esto es especialmente habitual después de periodos prolongados de estrés.
El organismo puede haberse acostumbrado a funcionar en un nivel elevado de activación. Por eso, pasar directamente de una agenda llena a varios días sin obligaciones no siempre produce relajación inmediata.
A veces necesitamos una transición.
La presión de tener que disfrutar
Existe además una paradoja muy característica de las vacaciones: queremos descansar, pero podemos convertir el descanso en otra obligación.
«Tenemos que aprovechar.»
«Tenemos que hacer algo todos los días.»
«Ya que estamos aquí, tenemos que verlo todo.»
«Estas vacaciones tienen que ser increíbles.»
Las redes sociales pueden reforzar esta presión.
Vemos viajes, playas, restaurantes, festivales, parejas felices y experiencias aparentemente perfectas. Aunque sepamos racionalmente que estamos viendo una selección de momentos, la comparación puede generar la sensación de que nuestras propias vacaciones no son suficientemente buenas.
Y entonces aparece otra preocupación:
¿Por qué los demás parecen estar disfrutando más que yo?
Vacaciones y redes sociales: una combinación complicada
El móvil puede convertirse en una forma de mantenernos conectados con aquello de lo que supuestamente queremos desconectar.
Seguimos revisando mensajes de trabajo, contestando WhatsApp, mirando Instagram, consultando correos o comprobando qué están haciendo los demás.
La hiperconectividad dificulta que exista una separación clara entre trabajo, ocio y descanso.
Por eso, una de las formas más sencillas de favorecer la desconexión es establecer momentos concretos sin móvil o reducir las notificaciones que no sean necesarias.
No se trata de desaparecer de internet durante quince días.
Se trata de recuperar la capacidad de decidir cuándo queremos estar conectados.
¿Y si no tengo ganas de hacer nada?
Otra fuente frecuente de preocupación es pensar que durante las vacaciones deberíamos estar constantemente activos.
Viajar.
Salir.
Conocer sitios.
Hacer deporte.
Ver amigos.
Ir a restaurantes.
Organizar excursiones.
Pero descansar también puede significar no hacer nada.
Leer.
Dar un paseo.
Dormir.
Escuchar música.
Estar tranquilamente en casa.
Tener una tarde sin ningún plan.
El descanso no necesita convertirse en productividad disfrazada.
Las vacaciones también pueden poner a prueba las relaciones
Cuando desaparecen las obligaciones habituales, algunas parejas pasan muchas más horas juntas de lo normal.
Y eso puede hacer visibles problemas que durante el resto del año quedan parcialmente ocultos por la rutina.
Diferencias sobre:
- cuánto dinero gastar;
- qué actividades hacer;
- cuánto tiempo pasar juntos;
- cuánto tiempo dedicar a cada familia;
- reparto de responsabilidades;
- necesidad de descansar frente a necesidad de actividad.
Las vacaciones no necesariamente provocan estos conflictos.
En ocasiones simplemente ofrecen más tiempo y espacio para que aparezcan.
Por eso puede ser útil hablar antes de viajar sobre expectativas y necesidades.
¿Cómo podemos reducir la ansiedad durante las vacaciones?
No existe una fórmula universal, pero algunas estrategias pueden ayudar.
1. Acepta que los primeros días pueden ser de transición
No tienes que sentirte completamente relajado desde el primer momento.
Tu cuerpo y tu mente pueden necesitar tiempo para reducir el ritmo.
2. Reduce la presión por aprovechar cada minuto
No necesitas convertir las vacaciones en una lista de objetivos.
Dejar espacios vacíos también es descansar.
3. Mantén algunos hábitos
Dormir aproximadamente a las mismas horas, moverte, comer de manera regular y mantener cierta estructura puede ayudar a que el cambio de rutina no sea tan brusco.
4. Establece límites con el trabajo
Si es posible, evita revisar constantemente correos y mensajes laborales.
Las vacaciones también necesitan límites psicológicos.
5. No compares tus vacaciones con las de los demás
Lo que aparece en redes sociales es una selección de momentos.
No es una representación completa de la vida de nadie.
6. Deja espacio para estar solo
Incluso cuando viajamos en pareja, con amigos o con familiares, disponer de algún momento individual puede ser beneficioso.
Necesitar espacio no significa querer menos a los demás.
¿Cuándo deberíamos preocuparnos?
Sentir algo de estrés durante los primeros días de vacaciones no significa que exista un problema psicológico.
Sin embargo, conviene prestar atención cuando la ansiedad es intensa, persiste durante semanas o interfiere significativamente en el sueño, las relaciones, el disfrute o la vida cotidiana.
También puede ser recomendable consultar con un profesional si las vacaciones ponen de manifiesto un nivel de ansiedad que ya estaba presente durante el resto del año.
Porque quizá el problema no sean las vacaciones.
Quizá las vacaciones simplemente hayan creado el espacio necesario para darte cuenta de cómo te estabas sintiendo.
Vacaciones no significa obligación de ser feliz
Una de las ideas más importantes que podemos llevarnos es esta:
No tienes que sentirte feliz todo el tiempo porque estés de vacaciones.
Puedes estar cansado.
Puedes tener un día malo.
Puedes aburrirte.
Puedes necesitar estar solo.
Puedes echar de menos tu rutina.
Y todo ello puede formar parte de unas vacaciones completamente normales.
Descansar no consiste en conseguir que cada día sea extraordinario.
A veces consiste simplemente en permitirnos bajar el ritmo.
¿Necesitas un espacio para hablar?
En Centro de Psicología Suma Emociones, en Chamberí (Madrid), trabajamos con personas que quieren comprender y gestionar mejor la ansiedad, el estrés y las dificultades emocionales.
Para facilitar que puedas encontrar un momento compatible con tu rutina, tenemos sesiones todos los días, incluidos los sábados por la mañana.
También ofrecemos sesiones online.
Porque cuidar tu salud mental no debería depender de encontrar un hueco imposible en tu agenda.